martes 5 de enero de 2010

Aún se venden (y se compran) juguetes bélicos

Por Armando en bebesymas.com.

Estábamos hace unos días esperando en la puerta del colegio a que llegaran las tres y abrieran la puerta cuando dos niños armados con juguetes bélicos se acercaron a nosotros para “matarnos”.

Mi hijo, y otros niños que al parecer no habían visto una pistola de juguete en su vida, se quedaron extrañados, quietos, patidifusos, ante el “pum, pum, muerto” de esos niños.

Alucinados nos quedamos también los padres de que en el año 2009, en pleno siglo XXI, aún se vendan y se compren juguetes bélicos.



Nosotros también jugamos con ellos

“¿Qué hay de malo?”, se preguntarán muchos padres, “nosotros también jugamos con ellos”. Y es cierto, yo tuve una escopeta con un corcho y una cuerda que saltaba al disparar. Tuve una pistola que parecía real pero que sólo hacía el ruido de un petardo al disparar, tuve pistolas de agua y seguro que tuve más armas que ahora no recuerdo y mira, “no soy ningún asesino ni delincuente”.

Cientos de personas son capaces de decir que tuvieron armas y no se han convertido en asesinos, pero claro, dudo que el actual delincuente o el actual asesino diga nunca “yo tuve armas y juguetes bélicos y bueno, sí, yo me convertí en el personaje de mis juegos de infancia”.

Así que no sabemos si el hecho de tener juguetes bélicos o no puede predisponer a generar adultos potencialmente violentos, por lo que el debate no debe ir por aquí, buscando el “qué hay de malo”, sino por otro sitio, preguntándonos: “¿Qué hay de bueno?”.


¿Qué hay de bueno?

Pues nada. No aporta nada al niño que dispara excepto la diversión de imaginar que tiene el poder de hacer daño a los demás (si es que llega a imaginarlo, porque muchos no saben ni lo que es la muerte) y no aporta nada al niño que recibe el disparo, porque tampoco tiene por qué entender que le han matado.

Uno puede pensar que es divertido jugar a indios y vaqueros y que el que dispara primero gana. De acuerdo, puede ser divertido, pero se pueden utilizar otros juegos similares en que nadie mate a nadie y en el que haya que, por ejemplo, tocar y evitar ser tocado.

Como padre recibí muy mal los tiros de esos dos niños. No me hacen gracia alguna y aunque me encanta jugar con los niños y hacer el payaso, que me disparen no entra dentro de lo que considero un juego divertido, por lo que me limito a quedarme quieto en plan “si me disparas, soy invencible”.

Creo que demasiado dolor hemos visto los adultos de hoy en día simplemente encendiendo la televisión a las tres de la tarde como para permitir a nuestros hijos que jueguen a hacer daño a otras personas.

domingo 27 de diciembre de 2009

Jordi Martí : "Desmilitaricemos la educación : fuera armas de la escuela"

Fuente: Rojo y Negro

Original en catalán en CGT Catalunya

La imagen no es demasiado conocida por que sólo la ve quien trabaja dentro de las aulas de escuelas e institutos de este país, pero en estos ámbitos ya se ha hecho habitual.

Un grupo de niños y de niñas miran desde sus correspondientes pupitres a una agente de los Mossos d’Esquadra que con una mano apoyada en la pistola y otra apoyada en la porra, como si fuera una auténtica ’cow boy’, les explica " los peligros de Internet" o cualquier otro de los talleres que el cuerpo policial ofrece gratuitamente a los centros educativos de las cuatro provincias. Hay para tomar y elegir, incluido uno para los centros de Primaria en el que, para familiarizar a los niños y las niñas con la policía, se les ponen esposas y se les enseñan los diversos modelos de porras que los agentes utilizan contra "los malos" que se lo merecen. Para esposar a algún niño o niña, el agente pregunta previamente "quién es el más malo de la clase ?" Y los alumnos responden y señalan la víctima de la demostración.

De anécdotas vividas y contadas por el profesorado y por maestros que los han tenido en el aula hay tantas como "clases" dan los uniformados, un montón. ¿Por qué hacen su charla armados ? Pues, según la Consejería de Interior, porque la porra, que llaman defensa, y la pistola, que llaman pistola, forman parte del uniforme y no se pueden separar. Los que os reíais de las tonterías y los absurdos que la disciplina militar aplicaba a la vida de los jóvenes que hacían la "mili" ya os podéis reír de las tonterías y absurdos de la disciplina policial que llama "parte del uniforme" las armas que utilizan los agentes. Una porra es una porra y una pistola una pistola. Ni una ni otra son ningún uniforme ni parte de éste.

El curso pasado, una Mossa d’Esquadra que hacía una de estas charlas en un centro del Penedès, con pistola y porra, al ser interrogada sobre por qué tenía que llevar una pistola dentro del aula respondió que así los niños y las niñas se acostumbraban a la policía democrática de que gozaban, porque la policía siempre había sido muy asociada a la represión y en cambio ahora, al ver las armas y poder tocar, les daba otra impresión. El argumentario, como veis, está poco trabajado por el momento, pero ya lo pondrán al día, no se preocupe. Eso sí, esperamos que los alumnos, cuando vayan a la universidad, no se atrevan a protestar por su privatización o lo que sea, porque mientras otros profesionales de la porra las descargan en sus costillas las palabras de la agente le sonarán a engaño.

Como parece que de todo esto justo ahora estamos en pañales y los planes de Interior directamente dirigidos a policializar los espacios educativos o, lo que es lo mismo pero dicho más refinadamente, a familiarizar día sí y día al alumnado con los uniformes, las porras y las pistolas, un grupo de maestros y profesores se han unido en una campaña que con el nombre de Desmilitaricemos la Educación intenta decir en voz alta lo que todo el mundo ve y sabe. Y qué es lo que todo el mundo ve y sabe ?, Pues que el rey va desnudo o, lo que es lo mismo, que los Mossos llevan pistolas y porras en las aulas y, dentro de un aula, estas "partes del uniforme" no sólo sobran sino que deberían estar prohibidas. Por ello, desde la campaña en cuestión se ha propuesto a los claustros de los centros educativos de Cataluña que tomen acuerdos en el sentido de que si los Mossos no cambian de actitud se queden en la puerta, porque los centros educativos deben ser y son espacios de paz, y por tanto libres de armas. Y si los claustros no lo aceptan, que de todo hay en la viña del señor … Maragall, entonces siempre queda la decisión personal de los enseñantes de objetar ante los armados. Dar clases con una pistola es un contrasentido y si ellos no lo entienden hay que decirles bien alto y claro que ni ahora ni nunca queremos que haya armas dentro de los centros educativos de Cataluña. Ni ahora ni nunca.

Jordi Martí Font, coordinador del "Catalunya"

martes 22 de diciembre de 2009

La Dirección General de Juventud suspende la celebración de Juvenalia

Los colectivos critican los recortes presupuestarios en juventud y servicios sociales.

Se reclama una feria participativa en la que puedan estar presentes colectivos sociales y asociaciones juveniles y culturales.


Juvenalia no contaba con el dinero suficiente para su celebración

La Dirección General de Juventud ha decidido suspender este año la celebración de Juvenalia, la feria de juventud que se venía celebrando desde hace más de veinte años. Esta decisión ha sido tomada a pesar de que el evento se recogía en los presupuestos del año 2009, que se han visto reducidos en más de un 50% en el área de Juventud.

Ya en los últimos años, colectivos sociales, consejos de la juventud, federaciones de asociaciones y asociaciones culturales y juveniles no participaban en la feria, fundamentalmente por dos razones: el precio inalcanzable de los stands y la censura por parte de la Dirección General a todas las iniciativas y colectivos que no compartían su visión política.

Por ello, en las últimas ediciones de Juvenalia, la feria se limitaba a congregar a instituciones del gobierno de la comunidad, marcas comerciales, multinacionales y entidades de la banca. Especialmente grave era la participación de las fuerzas armadas (guardia civil, policías, guarda real y ejército), cuya presencia pretendía convertir la guerra en un juego en el que participaban los niños y niñas asistentes al evento.

Por eso, los colectivos sociales, de juventud y antimilitaristas, no lamentan la suspensión de la feria, al menos tal y como se desarrollaba en las últimas ediciones. Pero si se preguntan dónde ha ido a parar el presupuesto de Juventud, visiblemente mermado, en el año 2009.


López Viejo, implicado en el caso Gürtel, ha sido uno de los tres últimos consejeros de la Consejería de Juventud en este año

La dirección General de Juventud ha pasado por tres consejerías durante el presente año y uno de sus Consejeros (López Viejo), está aún hoy imputado dentro de la trama madrileña del caso Gürtel. El dinero gastado ha mermado en más de un 50%. Y sus servicios se privatizan a marchas forzadas, la última, la gestión del Carné Joven. Durante los últimos años, las políticas de intervención social, democratización y participación se diluyen a favor de viajes al extranjero para élites y favoritismos con marcas comerciales y grandes multinacionales. Y Juvenalia se había convertido en el escaparate de esta política: privatización y educación basada en valores como la frivolidad, el consumismo exacerbado, el capitalismo y la guerra.

Queremos que vuelva Juvenalia. Y que vuelva a ser una feria en la que se fomente la participación, la solidaridad, el trabajo de los colectivos en lo social, la ecología y el cooperativismo. No queremos una feria de jóvenes en la que solo se aprenda a consumir, comprar y hacer la guerra.

Firman:

Asamblea Antimilitarista de Madrid

Campaña La Guerra no es un Juego (http://laguerranoesunjuego.blogspot.com/)

Plataforma en Defensa de la Juventud (http://defensadelajuventud.wordpress.com/acerca-de-nosotros/)

Campaña "Quien debe a Quien". Madrid

RCADE (Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa) Retiro

Más información:

moc.lavapies@nodo50.org

laguerranoesunjuego@gmail.com

domingo 29 de noviembre de 2009

La guerra en Sierra Leona privó a Mariatu de sus manos, pero no de su voz

Ana Rodrigo

Madrid, 29 nov (EFE).- Mariatu supo a los 12 años qué se sentía al perder las dos manos y a su familia, al ser madre después de una violación y al mirar al suelo mientras pedía limosna para sobrevivir.

De un día para otro, cambió la vida de esta niña que vivía una vida tranquila en un pequeño poblado de Sierra Leona, rodeada de parientes y amigos, y ajena a una guerra civil que duró más de diez años (de 1991 a 2002), en la que los grupos rebeldes del Frente Revolucionario Unido (FRU) destruyeron aldeas y granjas, violando, mutilando y asesinando a miles de personas.

Con la mirada inocente de esa niña, en el libro "El largo Viaje de Mariatu Kamara" (Intermón Oxfam) se relata la brutal guerra que vivió este país del suroeste africano, situado actualmente en la lista de los más pobres del mundo, donde la esperanza de vida es de 40 años y la mayoría de los menores siguen sin asistir a la escuela.

Mariatu Kamara tiene ahora 22 años, vive en Canadá, donde está estudiando, y ha creado la Fundación Mariatu para ayudar a otras víctimas de conflictos armados.

"Mis amigos y mi familia -Mohamed, Adamsay o Marie, que comparten protagonismo con ella en el libro- siguen viviendo en poblados en Sierra Leona, para algunos ha cambiado un poco su situación, pero para la mayoría sigue siendo muy mala", explica Mariatu, en una entrevista con Efe.

La guerra terminó y este país dejó de ser prioridad para la Comunidad Internacional, por ello Mariatu quiere seguir mostrando al mundo las necesidades de su pueblo.

"Con el libro, no quiero pedir nada concreto, pero creo que se debería ayudar más a Sierra Leona. Quiero dar voz a los que no tienen voz y hacer visibles y hacer comprender todas las historias que ocurren en el mundo para abrir los ojos y los oídos de la gente, para que se pueda hacer algo", relata Mariatu.

Las ONG denuncian que muchas mujeres viven bajo un régimen permanente de abuso sexual, físico y emocional, en gran parte como resultado de la extrema pobreza y el desempleo, y que en el caso de las menores se añade el hecho de que sufren a menudo violaciones por parte de hombres mayores y matrimonios forzados.

"No sé cuál es la situación de la mujeres, todavía no me he casado. En Sierra Leona, básicamente lo que ocurre es que el hombre es el jefe de la casa, y toman todas las decisiones con respecto a la familia", asegura Mariatu al ser preguntada por esta cuestión.

Nombrada por UNICEF representante especial de los niños en conflictos armados, Mariatu, que vive desde hace diez años en Toronto (Canadá), está recorriendo Europa contando una y otra vez su historia, que desgraciadamente es la miles de niños de Sierra Leona.

Resta importancia al encuentro que mantuvo en Toronto con un niño soldado, Ishmael Beah que había escrito otro libro pero desde el otro frente, desde el lado en el que se situaban los soldados que le cortaron las manos a golpe de machete.

"El encuentro estuvo bien, hay una cosa que comprender: que esos niños también fueron víctimas y que fueron forzados por los adultos a hacer esas cosas, y, sabiendo esto, cuando me encuentro con uno de ellos, no tengo ningún tipo problema".

A Mariatu le surgió la oportunidad de salir del continente africano y romper con "su dura historia" y la aprovechó. Pudo incluso hablar con el presidente de Sierra Leona.

"Después de la guerra, cuando fui a ver al presidente, le dije que no se habían cumplido las promesas que habían hecho -ayuda financiera y educación para los más necesitados-, así que le pedí que hiciera el esfuerzo de cumplirlas", explica la joven, que recibió la respuesta del presidente de que "haría lo que pudiera".

Desde la Fundación Mariatu, quiere crear "una institución para impartir el aprendizaje de diferentes capacidades para que la gente de allí pueda aprender y adquiera habilidades".

Además, tiene previsto realizar un documental sobre los niños víctimas de las guerras.

"Estoy intentado rehacer mi vida, ha sido una historia muy dura y hago todo lo posible para ser feliz y para ser lo más positiva que pueda", confiesa Mariatu, quien concluye con el deseo de que todos los gobiernos "trabajen juntos, luchen contra el hambre, defiendan a los niños y luchen por la paz".

martes 14 de julio de 2009

Niños-soldado en el ejercito español ¿Son malas las armas?

Santiago Alba Rico / Atlántica XXII

Publicado en http://www.anticapitalistas.org/node/4099

El pasado 23 de mayo, en una iniciativa patrocinada por Mapfre, Pepsi y El Corte Inglés, el regimiento de Infantería 'Soria 9', en Puerto del Rosario (Fuerteventura), abrió sus puertas a los niños de la localidad, tal y como relata alegremente el diario La Provincia en una crónica titulada Aprendices de soldado. Una extensa galería de fotos muestra a los tiernos infantes de uniforme, con la cara pintada bajo cascos de camuflaje, manejando alborozados, como no podía ser de otro modo, aparatosas metralletas y pesados cañones. La noticia ha sido poco difundida y ha provocado escasa polémica. Después de todo, a los niños les gusta jugar a la guerra y, según la opinión de algunos internautas que comentaban un artículo de Pascual Serrano publicado en Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86391), las armas no tienen la culpa de lo malos que son los hombres. Reprimir el belicismo infantil es políticamente correcto, pero hipócrita e inútil.

¿Son las armas o somos nosotros? Si uno está acalorado contra un ofensor y vuelve la mirada, probablemente siempre encontrará a su alrededor algo con que golpearle la cabeza: una piedra, una quijada de burro o un bastón. Si encuentra un cuchillo, utilizará un cuchillo; si una pistola, una pistola; y si en ese campo crecen cañones silvestres o los árboles de ese país dan bombas atómicas, recurrirá sin duda, cegado por la cólera, a los cañones y las bombas atómicas. El acaloramiento, por tanto, es la causa de la agresión.

¿O no? Incluso si no nos preguntamos por las causas del acaloramiento -y lo consideramos tan natural como las frutas explosivas de la región- podemos decir que hay una diferencia decisiva entre una piedra y una pistola: la piedra no ha sido pensada para matar y la pistola sí. Digamos -más aún- que la piedra no ha sido pensada y la pistola sí. Podemos disparar una pistola sin pensar, pero no podemos fabricarla a ciegas. La pistola -por no hablar de los misiles y las bombas atómicas- han sido concebidas, diseñadas, calculadas, probadas, en un proceso técnico-temporal que excluye los acaloramientos y los locos frenesís. Hay crímenes, pero no industrias pasionales; hay temperamentos, pero no cálculos impulsivos. ¿Los malos son los que usan las armas o los que las hacen? Si admitimos que cabe utilizar un arma en un momento de transitorio extravío, pero que sólo podemos fabricarla con fría premeditación, habrá que concluir que eso que los juristas llaman “circunstancias atenuantes” se aplica a la comisión del crimen, pero no a la procuración de sus instrumentos. En pleno acaloramiento, busco a mi alrededor y encuentro una pistola; la disparo porque estoy acalorado; la encuentro porque alguien la ha puesto premeditadamente ahí. El más malo debería ser el que ha actuado con plena conciencia de lo que está haciendo, pero en virtud de una paradoja muy chestertoniana resulta, al contrario, que precisamente el que puede invocar una circunstancia atenuante es considerado un delincuente y el que no puede invocar ninguna es considerado un honrado comerciante. No puede haber ningún atenuante para el Holocausto ni para la destrucción de Hiroshima ni para el presupuesto militar de los EEUU. Por razones diferentes, unas jurídico-metafísicas, otras históricas, ninguna de esas atrocidades se puede castigar de manera proporcionada: y eso justamente porque no hay en su raíz ningún acaloramiento humano.

Pero quizás podemos preguntarnos también por el acaloramiento. Contra los bienpensantes de su época, que querían prohibir las espadas y los arcos de juguete, Chesterton recordaba que lo verdaderamente peligroso es tener un niño, no un arma, y se refería, como cuestión prioritaria, a los fabricantes de niños, no a los fabricantes de armas: “Si se puede enseñar a un niño a no arrojar una piedra, se le puede enseñar cuándo disparar un arco y si no se le puede enseñar nada, siempre tendrá algo que pueda arrojar”. En un mundo en el que hay al mismo tiempo armas y acaloramientos, es necesario que exista un Estado justo y democrático -regido por una verdadera constitución- que monopolice al mismo tiempo los instrumentos de la violencia y los de la educación y que introduzca premeditación constitucional en el uso de las armas y en el uso de los niños. Es decir, un Estado que diferencie entre una piedra y una pistola, entre una pistola de juguete y una de verdad y entre un niño y un consumidor indiscriminado de juguetes. No parece que sea éste el caso. Los gastos militares en todo el mundo aumentaron en 2008 un 4%; en la última década un 45%; este año alcanzan ya la cifra de 1.464.000 millones de dólares. EEUU, principal fabricante, vendedor y consumidor de armas, cuyo presupuesto en educación es también el más alto del mundo, gasta en la formación de un niño estadounidense la mitad de lo que gasta en la destrucción de dos niños iraquíes. ¿Quién fabrica las armas? La General Electric o la Westinghouse. ¿Quién fabrica a los niños? La NBC, la ABC, la CBS, la Fox, que directa o indirectamente están en sus manos. De algún modo, en la mayor parte del mundo, los productores privados de armas y los productores privados de acaloramientos son las mismas personas. La destrucción y la educación no son controladas por Estados justos y democráticos sino por la industria bicéfala de las armas y del entretenimiento, que se alimentan recíprocamente.

¿Quién usa las armas? Niños. ¿Quién usa a los niños? Los fabricantes de armas. Es un placer ver a dos niños intercambiándose en serio disparos de mentira en un juego en el que ambos tienen que aceptar las reglas, y en el que cada uno de ellos depende de la voluntad del otro incluso para matarlo en broma. Lo peligroso -como saben todas las abuelas del mundo- no es jugar con cañones de juguete sino jugar con cañones de verdad. Lo peligroso no es que jueguen con ellos los niños sino los grandes. En las fotografías de La Provincia eso es precisamente lo que hacían, jugar, no los menores visitantes, no, sino los adultos soldados del regimiento que, divertidos y frívolos, las ponían entre sus manos. Un Estado justo y democrático con un ejército que monopolice los instrumentos de la violencia en una sociedad bien educada debe abrir los cuarteles a sus ciudadanos para que confirmen lo malas y peligrosas que son las armas y lo sensatamente que las están empleando sus soldados. Eso quizás lo pueda hacer Cuba. EEUU y España no. Aquí nos dedicamos a mostrar a los niños lo muy lúdicas que son también nuestras metralletas verdaderas y a ocultarles dónde y por qué y para qué se están usando. Los gobiernos que invaden Afganistán cometen dos crímenes sin atenuantes y con premeditación: la fabricación de la guerra y la fabricación de los que participan en ella.

Los soldados desplazados sobre el terreno, ejecutores del crimen, tienen al menos el atenuante, como demuestran las fotos de Fuerteventura, de no haber alcanzado aún la mayoría de edad.