martes, 9 de octubre de 2007

Y una vez más la historia se repite


Aunque  ya sabemos que la guerra no es un juego parece ser que nada
ha cambiado para el Estado, un año tras otro, el informe de los
Presupuestos generales del Estado nos muestra que el gasto militar sigue siendo
el actor principal invitado.

De perogrullo es comparar lo que se gasta el Estado en Educación
con lo que se gasta en lo militar, no cabe discusión. Pero lo que no entra
en cualquier cabeza es por qué seguimos viendo como aumenta el gasto
militar en detrimento de otras necesidades como es el famélico
sector de lo social. Esta claro que la gente no vive de las armas (aunque
no te digo que algún día hagamos trueque con ellas para poder
alquilarnos una casa), pero y ¿el sistema de enseñanza público? ¿el trabajo de
larga duración? ¿ las ayudas a un acceso a la vivienda "digna" para
todos y todas?... Sí, esta claro que después de ver un año más y
otro más como todo sigue igual, aquí claramente está el problema.

Y para muestra, aquí tenemos varios ejemplos de estudios donde se
analiza como ha incrementado el gasto militar en el último año. Uno
de ello es el análisis del centro de investigaciones por la paz J.M.
Delàs que de manera clara y concisa nos muestran datos concretos de cuanto
se paga por infraestructura militar y demás gastos derivados del ámbito
de la guerra.


http://sodepaz.es/images/stories/publicaciones/informe_gasto%20militar_cast%202008.pdf

y la pregunta mas sencilla que le viene a una en la cabeza cuando
lee todo esto es ¿que hay de la asignatura para la ciudadanía? ¿entrará a
debatir por qué se gasta tanto en el ámbito militar en detrimiento de
otros o seguirán amaestrando cínicamente diciendo que son ejercitos
humanitarios?

EN SERIO , LA GUERRA NO ES UN JUEGO¡

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Volver a la escuela tras aprender a matar

VUELVE LA CAMPAÑA "LA GUERRA NO ES UN JUEGO", EL BLOG VUELVE A ACTUALIZARSE DESPUÉS DE UNAS MERECIDAS VACACIONES. PRONTO TENDREIS NOTICAS NUESTRAS laguerranoesunjuego@gmail.com

Para los niños soldado que participaron en la guerra en la República Democrática del Congo (RDC) y han sido desmovilizados, la vuelta a casa es un difícil viaje.


Con una sonrisa de picardía y de autosuficiencia, Cyprien alardea de tener 17 años, si bien la ficha del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) indica que tiene sólo 15.

"Me fui a la guerra voluntariamente, porque vi que otros lo hacían", dice a bordo de un vehículo del CICR que le lleva de regreso a su casa, en el territorio de Masisi, una parte de la vasta provincia de Kivu Norte, en el este del país.

"Además estaba harto de mi madre, que siempre me estaba regañando", explica Cyprien, que en sus seis años como soldado con grupos rebeldes opuestos al gobierno de Kinshasa se ganó el alias de Rambo.

Preguntado por la razón que le llevó a luchar, se encoge de hombros y espeta: "No tenía ninguna razón especial".

País en guerra, jóvenes en guerra
La desmovilización de los niños soldado en la República Democrática del Congo, una tarea difícil para Cruz Roja y las ONG


Como Cyprien o su compañero Jean de Dieu, que da saltos a bordo de otro vehículo del CICR por las imposibles carreteras de Masisi, cientos de soldados han sido desmovilizados en el proceso de pacificación de la RDC.

El país, con una extensión similar a Europa Occidental, vivió dos guerras en los años noventa que se cobraron más de tres millones de vidas por los combates, el hambre y las enfermedades que conllevó la contienda.

La primera guerra tuvo lugar entre partidarios de los líderes políticos Mobutu Sese Seko (que gobernó la República, entonces llamada Zaire, durante 32 años hasta 1997) y Laurent Desiré Kabila, padre este último del actual presidente Joseph Kabila. La segunda vino motivada por tensiones raciales importadas de la vecina Ruanda. Con guerra o sin ella, la RDC ha tenido que soportar la codicia de los países y empresas occidentales, que expolian de materias primas su rico suelo.

Aunque, tras el fin del último conflicto, la transición se completó en 2006 con la celebración de elecciones legislativas y presidenciales, la violencia continúa en el este, donde aún siguen activos grupos armados que se enfrentan regularmente al Ejército. No se descarta que la escalada de violencia lleve al país a una nueva guerra.

El regreso a la vida civil no siempre es deseado ni fácil para jóvenes que desde niños sólo han conocido la vida de soldado.

"Al principio todos quieren fardar de haber sido soldados", dice Mario Pérez, director del Centro Don Bosco de Goma, que acoge a menores en situaciones difíciles, incluidos antiguos niños soldado en tránsito y a la espera de ser reunificados con sus familias.

"Algunos están traumatizados y por la noche no pueden dormir o se despiertan gritando", señala este venezolano que lleva veinte años trabajando en Congo con los salesianos.

"Los niños no diferencian entre el bien y el mal. Y muchas de las cosas que hicieron fueron bajo los efectos de las drogas", añade Pérez.

El CICR participa en las labores de reunificación familiar y en los últimos años ha llevado a casa a 54 antiguos niños soldado en la provincia de Kivu Norte.

"Usan el arma como un instrumento de música"

Yann Bonzon, jefe de la subdelegación del CICR en Goma, subraya que la reintegración en la comunidad puede ser "la parte más difícil" para estos niños, un fenómeno que en los últimos veinte años "se ha hecho más frecuente en África".

Para Félix Ndagijimana, director del centro de tránsito CAJED, que acoge a ex niños soldado a la espera de su reintegración, "los niños son más maleables que los adultos y por tanto más fáciles de reclutar".

"Usan el arma como si fuera un instrumento de música. Para los desmovilizados, el trauma no llega automáticamente, sino al cabo de un tiempo, cuando recuerdan las cosas que han hecho", explica.

Jean de Dieu, también de 15 años y que pasó sólo unos meses con un grupo armado, está feliz de volver con su familia y admite que no le gustó la experiencia. "No creo que jamás vuelva a irme voluntario", asegura.

En cuanto a Cyprien, aunque se declara contento de volver temporalmente a casa, sabe que su vida va a cambiar y le preocupa.

"En el ejército podemos tener todo lo que queremos. Las mujeres bonitas son para los soldados, el dinero es para los soldados, yo ganaba doce dólares al mes y me lo gastaba en bebida, drogas y mujeres", relata.

"Si lo dejo es por obligación. Vuelvo a casa con las manos vacías, ¿qué van a decir de mí?", se pregunta.

"No sé leer ni escribir. Si no puedo trabajar -concluye "Rambo"- volveré a hacerme soldado".

miércoles, 1 de agosto de 2007

El trauma de la guerra en la mente infantil




María Valerio

El abuso, la tortura y la muerte representan el día a día de los 250.000 niños soldado que hay en la actualidad en todo el mundo. Dos millones de menores han muerto en la última década a causa de la guerra, seis millones han resultado heridos y 30 escenarios siguen albergando conflictos bélicos en los que la salud física y mental de estos pequeños se pone en peligro a cada paso. La revista 'The Journal of the American Medical Association' (JAMA) les dedica esta semana un número especial.

"Aunque Iraq y Afganistán son los más visibles, existen en la actualidad otros conflictos de cuyo legado tardaremos décadas en recuperarnos", aseguran en un editorial especial sobre esta cuestión Robert Ursano y Jon Shaw, de los departamentos de Psiquiatría de las universidades estadounidenses de Maryland y Miami, respectivamente. Y los niños, como ellos recuerdan, son especialmente vulnerables al trauma debido a su inmadurez "física y emocional".
Uno de estos frentes abiertos desde hace 20 años tiene lugar en Uganda, donde se enfrentan el Ejército de Liberación del Señor y el gobierno. Allí, un equipo de la universidad de Hamburgo (Alemania), entrevistó a 169 pequeños ex combatientes que se encontraban en rehabilitación en varios centros de acogida en esta región de los Grandes Lagos.
Empleando cuestionarios en su lengua nativa, los psicólogos evaluaron sus niveles de estrés postraumático y la relación de este trastorno con su disposición a la reconciliación o, por el contrario, sus ánimos de venganza. El 92% de los menores, que tenían entre 11 y 18 años, había presenciado un asesinato y el 54% de ellos había matado a alguien. Casi el 28% había mantenido algún tipo de contacto sexual forzado.
Las conclusiones desvelan que los pequeños con mayor nivel de estrés eran los que menos propensos se mostraban a la pacificación y, al mismo tiempo, quienes manifestaban más sentimientos de revancha. Esta relación se repitió también con los que habían sufrido amenazas de muerte o habían visto su vida en peligro. Como apuntan estos investigadores en sus comentarios, la rehabilitación e integración social de este 'ejército' de niños soldado que ha sobrevivido a la guerra es clave para la reconstrucción y reconciliación de su pueblo; y cualquier intento por reintegrarlos en la sociedad civil deberá tener en cuenta su trauma psicológico.
El estrés de los desplazados
Si en este trabajo los autores reconocen una baja presencia de niñas entre los participantes, en otra de las investigaciones que recoge JAMA fueron precisamente ellas las que mejor respondieron a la intervención psicológica propuesta. En este caso, científicos de Baltimore trataron de demostrar la utilidad de una terapia de grupo para aliviar el estrés sufrido por adolescentes residentes en un campo de desplazados ugandés.
Después de 16 semanas, la intervención mejoró los problemas psicológicos de las chicas, pero no así de los adolescentes varones. Para ellos será necesario seguir buscando otras alternativas más útiles, admite el equipo dirigido por Paul Bolton, del Centro de Atención al Refugiado y Respuesta en Desastres de la Universidad Johns Hopkins (EEUU).
"Nadie permanece inalterable a los eventos traumáticos de una guerra", asegura el editorial, "y los niños que aún están aprendiendo a modular sus emociones y su agresividad son especialmente sensibles a estos cambios forzosos". A su juicio, todas las conclusiones presentadas en este
número especial de la revista obligan a prestar más atención a la violencia de la guerra y a las consecuencias que tiene en la salud mental de estos cientos de miles de niños y adolescentes el trauma vivido.
Pero no sólo los niños. Otro de los trabajos, dirigido por Patrick Vinck, de la Universidad de California (EEUU), ha detectado elevadas tasas de depresión y estrés postraumático en los desplazados por la guerra de Uganda. Tras entrevistarse con más de 2.500 adultos de varias localidades y campos de refugiados al norte del país, los investigadores aseguran que las personas más afectadas por el trauma de la guerra eran aquellas más proclives a justificar la violencia como el mejor medio de resolver el conflicto. Hasta el 75% de ellos mostraba síntomas clínicos de síndrome del estrés postraumático y el 44%, de depresión.
"Estas conclusiones tienen enormes implicaciones en el terreno sanitario, diplomático y político", aseguran los investigadores. A su juicio, no sólo subrayan la importancia de mantener la seguridad de la población civil en tiempos de guerra, sino también de que se preste atención a sus necesidades psicológicas en un escenario posbélico. El trauma, concluyen, "es un indicador de salud en la población expuesta a elevados niveles de violencia y puede influir en su percepción del futuro".


miércoles, 18 de julio de 2007

La guerra, en los dibujos de l@s niñ@s afganos


La Revolutionary Association of the Women of Afghanistan RAWA (Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán) ha publicado en su página web los dibujos realizados por niñ@s.

La Asociación
afirma que cuando "una guerra empieza en cualquier parte del mundo, los más afectados son los niñ@s". Irak y Afganistán son los países en los que los niñ@s están más afectados por la guerra y sus consecuencias.

lunes, 16 de julio de 2007

Niños-soldado: la guerra no es un juego


Félix Población


(artículo publico en Diario del Aire).


El documental Invisibles, producido por Javier Bardem para Médicos sin Fronteras, refleja a través de la cámara de cinco conocidos directores otras tantas historias con la credencial que les da título por su precaria repercusión mediática. Una de ellas es la terrible ignominia de los niños-soldado de Uganda (Buenas noches Ouma).


Han pasado más de veinte años desde que el presidente de ese país, Yoveri Museveni, que cuenta con la máxima confianza de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, reclutó en los años ochenta centenares de adolescentes para llegar en 1986 al poder a través de la guerrilla. Hay un libro que cuenta esa experiencia, firmado por China Keitetsi, cuyo solo título enuncia la estricta y rotunda dimensión de la barbarie: Mi vida de niño soldado: Me quitaron a mi madre y me dieron un fusil (Ed. Maeva, 2005). Como nada ni nadie lo impidió entonces, los actuales opositores a Museveni hacen ahora lo mismo para nutrir sus contingentes guerrilleros de sangre joven.

Otro libro, Alá no está obligado, (Ed. Muchnik, 2001), escrito por Ahmadou Kouroma, refleja el conflicto vivido en Liberia y Sierra Leona en los últimos tres lustros en torno al control de la extracción de diamantes y a la explotación de los niños-soldado por los señores de la guerra en connivencia con sociedades trasnacionales. Hablan los libros, pero su testimonio vivo y literario es insuficiente para que tan vergonzosa leva continúe envuelta en la distancia, la indiferencia, la invisibilidad y el silencio.


Un niño de la guerra está también perdido para la paz, decía el ministro de Exteriores francés en la conferencia organizada el pasado mes de febrero en París bajo el epígrafe Liberemos a los niños de la guerra: La plaga de los niños-soldado, añadía, representa una bomba de relojería que amenaza la estabilidad y el crecimiento de África, por si no fueran ya sobrados y de gran calado los riesgos que comporta sobrevivir en ese sufrido continente.


Pero si tan indignante resulta que los niños y adolescentes africanos en lugar de jugar y educarse maten, ¿a qué viene fomentar la curiosidad y el interés por la industria y el ejercicio de las armas entre los niños y adolescentes de nuestro propio país? ¿Por qué últimamente, en ferias infantiles y juveniles como el salón de la Infancia, Expojove o Juvenalia, se está haciendo notar con un incremento más que notable la presencia del Ejército y los cuerpos policiales con actividades propias de la milicia?


¿No sería más idóneo para la conciencia cívica de nuestros más jóvenes ciudadanos que en esas convocatorias lúdicas y formativas se expusiera la cruenta realidad que se desprende del empleo de las armas en los oscuros y silenciados conflictos militares a que hago referencia? Unos 250.000 niños y niñas mueren asesinados al año en esas confrontaciones y dos millones son víctimas del tráfico sexual, según datos del Centro Reina Sofía parta el Estudio de la Violencia. El conocimiento de esa información me parece mucho más provechoso que saber apretar un gatillo o competir en la desactivación de minas en una feria infantil. La guerra no es un juego.