jueves, 27 de diciembre de 2007

Tanques en la feria de la juventud

Organizaciones antimilitaristas protestan en Madrid por la presencia del Ejército en Juvenalia


Los críos, la verdad, se lo pasan fenomenal jugando a ser soldados. Al menos, eso parecía ayer en las colas de ansiosos niños y niñas que esperaban a tirarse por la tirolina instalada por la Brigada Paracaidista en la feria de la juventud más grande del país, Juvenalia. El recinto ferial de la capital hervía de familias a media mañana y las múltiples actividades propuestas por las Fuerzas Armadas (karaoke, tirachinas, pistolas láser...) atraían a montones de chavales.

La Asamblea Antimilitarista de Madrid lleva cuatro años protestando contra esta presencia del Ejército en la feria. Con la campaña La Guerra no es un Juego, pretenden presionar en varios frentes contra “la frivolización de la guerra”, según explica David García, uno de sus miembros.

Aunque en la Asamblea no son muchos (unas 12 personas), varios colectivos, como sindicatos de la enseñanza, Ecologistas en Acción o el Grupo Antimilitarista de Carabanchel, se unen en esta campaña. Han reunido 300 firmas y prometen sorprender con una acción en la propia
feria antes de fin de año.

Como en un videojuego

“El problema es que todo recuerda aquí a un videojuego: la música atronadora, los decorados que se montan, los tanques..., pero no se explica el contexto en que se usan estas armas, ni se informa de algo tan cercano a nosotros como son los niños y niñas soldado que hay en África”, se queja García.

La Asamblea quiere echar al Ejército de la feria, siguiendo el ejemplo de Juvelandia, en Jerez de la Frontera (Cádiz), donde, tras un año de protestas, las Fuerzas Armadas dejaron de acudir.

Jaime Sánchez, otro de los miembros de la Asamblea, insiste en criticar “el intento de normalización de los instrumentos de muerte y violencia que son las armas”.

Sánchez, que lleva años luchando contra “la militarización de la educación”, sostiene que, “aunque se nos haga creer lo contrario, el fin del Ejército es la violencia y no el humanitarismo, por lo que creemos que esto no es apto para niños de 10 a 16 años”.

Una tirolina de paracaidistas

La Comunidad de Madrid, organizadora de la feria, no dice esta boca es mía sobre el Ejército en la nota de prensa que ha editado con ocasión de Juvenalia, pese a que su presencia es muy evidente.

Las Fuerzas Armadas (aunque las fuerzas de Tierra son aquí mayoritarias, el Ejército del Aire, la Infantería de Marina y la Guardia Real también están representadas) ocupan más de un tercio de uno de los tres pabellones.

La pista de aplicación de la Bripac es lo más evidente del recinto porque una gran torre pintada como un avión sirve para que los niños se sientan paracaidistas y se arrojen desde ella en tirolina.

La Comunidad retiró hace días un contenedor con uno de los minipisos que abundan en Madrid por ser éste un problema “que no afecta al público al que va dirigido la feria”, según dijo un portavoz. “En cambio, el Ejército, las armas, parece que sí son adecuadas”, se lamenta Sánchez.

Las Juventudes Socialistas protestaron ayer contra la retirada del minipiso: “Buscan hacer jóvenes conformistas y consumistas”, decía su comunicado. Justo al lado del Ejércit,o se alza el tenderete de ING y, poco más allá, dos cochazos de Chevrolet; en medio, la tienda de la Misión Joven de Madrid, de la Iglesia. Una mezcla extraña.

Buscando minas en un cajón de arena

En el póster, se ve una niñita a horcajadas con una especie de barra de metal hurgando en la arena. A su lado, una militar le indica cómo hacerlo, cómo desactivar una mina antipersona, de las que mutilan a millares cada año en las zonas calientes del mundo.

El cajón de arena fue el año pasado el gran éxito de Juvenalia, según reconoce un cabo del Ejército de Tierra. Cualquiera se puede llevar a casa el inquietante cartel que reparten gratuitamente en una de las tiendas de campaña.

“Este año, no tenemos cajón de arena porque el espacio es más pequeño”, explica el mismo cabo. La actividad consistía en encontrar cinco minas de pega. Lo consiguieron, indemnes, “unos 8.000 chavales”.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Presentación de la campaña



Reclutar niños y niñas soldado es una práctica habitual en el seno de muchos conflictos en todo el
mundo. Aproximadamente unos 250.000 niños y niñas mueren asesinados en conflictos armados cada año, 400 millones de ellos sufren explotación laboral y dos millones son víctimas de tráfico sexual.
Paradójicamente, en muchas de las ferias infantiles que se organizan a lo largo y ancho del estado
español ha ido aumentando cuantitativa y cualitativamente la presencia de las Fuerzas Armadas y cuerpos policiales, invitando a los niños y niñas a realizar actividades como subirse a tanques,
prácticas de tirolina, emulación de desactivación de minas... Así nuestra infancia es manipulada,
familiarizándola con una imagen lúdica de lo militar, desconociendo las terribles realidades de la
guerra.
¿Por qué los organizadores no explican a los niños y niñas que la guerra no es un juego y que esas armas matan en la vida real? ¿Por qué el Ejército no explica que las misiones humanitarias son en realidad una maniobra para controlar zonas que interesan económicamente a los Estados occidentales ricos? ¿Por qué no se explica que el presupuesto de defensa de este país para 2007 ascenderá a 8.049.990.000, mientras muchas de las necesidades sociales del país no están resueltas y las demandas e aumentar el gasto dirigido a poner remedio no son atendidas?
Porque consideramos que la presencia de cuerpos armados en ferias infantiles y juveniles es absurda e insostenible, ya que las actividades en este tipo de eventos deberían ser lúdicas, cooperativas y no violentas y porque consideramos que la Guerra no ha de tener cabida, no ya en el tiempo de ocio sino en la vida de nadie, os esperamos el próximo día 15 de noviembre a las 19.30 en el Patio Maravillas (c/Acuerdo 8), Madrid.

martes, 9 de octubre de 2007

Y una vez más la historia se repite


Aunque  ya sabemos que la guerra no es un juego parece ser que nada
ha cambiado para el Estado, un año tras otro, el informe de los
Presupuestos generales del Estado nos muestra que el gasto militar sigue siendo
el actor principal invitado.

De perogrullo es comparar lo que se gasta el Estado en Educación
con lo que se gasta en lo militar, no cabe discusión. Pero lo que no entra
en cualquier cabeza es por qué seguimos viendo como aumenta el gasto
militar en detrimento de otras necesidades como es el famélico
sector de lo social. Esta claro que la gente no vive de las armas (aunque
no te digo que algún día hagamos trueque con ellas para poder
alquilarnos una casa), pero y ¿el sistema de enseñanza público? ¿el trabajo de
larga duración? ¿ las ayudas a un acceso a la vivienda "digna" para
todos y todas?... Sí, esta claro que después de ver un año más y
otro más como todo sigue igual, aquí claramente está el problema.

Y para muestra, aquí tenemos varios ejemplos de estudios donde se
analiza como ha incrementado el gasto militar en el último año. Uno
de ello es el análisis del centro de investigaciones por la paz J.M.
Delàs que de manera clara y concisa nos muestran datos concretos de cuanto
se paga por infraestructura militar y demás gastos derivados del ámbito
de la guerra.


http://sodepaz.es/images/stories/publicaciones/informe_gasto%20militar_cast%202008.pdf

y la pregunta mas sencilla que le viene a una en la cabeza cuando
lee todo esto es ¿que hay de la asignatura para la ciudadanía? ¿entrará a
debatir por qué se gasta tanto en el ámbito militar en detrimiento de
otros o seguirán amaestrando cínicamente diciendo que son ejercitos
humanitarios?

EN SERIO , LA GUERRA NO ES UN JUEGO¡

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Volver a la escuela tras aprender a matar

VUELVE LA CAMPAÑA "LA GUERRA NO ES UN JUEGO", EL BLOG VUELVE A ACTUALIZARSE DESPUÉS DE UNAS MERECIDAS VACACIONES. PRONTO TENDREIS NOTICAS NUESTRAS laguerranoesunjuego@gmail.com

Para los niños soldado que participaron en la guerra en la República Democrática del Congo (RDC) y han sido desmovilizados, la vuelta a casa es un difícil viaje.


Con una sonrisa de picardía y de autosuficiencia, Cyprien alardea de tener 17 años, si bien la ficha del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) indica que tiene sólo 15.

"Me fui a la guerra voluntariamente, porque vi que otros lo hacían", dice a bordo de un vehículo del CICR que le lleva de regreso a su casa, en el territorio de Masisi, una parte de la vasta provincia de Kivu Norte, en el este del país.

"Además estaba harto de mi madre, que siempre me estaba regañando", explica Cyprien, que en sus seis años como soldado con grupos rebeldes opuestos al gobierno de Kinshasa se ganó el alias de Rambo.

Preguntado por la razón que le llevó a luchar, se encoge de hombros y espeta: "No tenía ninguna razón especial".

País en guerra, jóvenes en guerra
La desmovilización de los niños soldado en la República Democrática del Congo, una tarea difícil para Cruz Roja y las ONG


Como Cyprien o su compañero Jean de Dieu, que da saltos a bordo de otro vehículo del CICR por las imposibles carreteras de Masisi, cientos de soldados han sido desmovilizados en el proceso de pacificación de la RDC.

El país, con una extensión similar a Europa Occidental, vivió dos guerras en los años noventa que se cobraron más de tres millones de vidas por los combates, el hambre y las enfermedades que conllevó la contienda.

La primera guerra tuvo lugar entre partidarios de los líderes políticos Mobutu Sese Seko (que gobernó la República, entonces llamada Zaire, durante 32 años hasta 1997) y Laurent Desiré Kabila, padre este último del actual presidente Joseph Kabila. La segunda vino motivada por tensiones raciales importadas de la vecina Ruanda. Con guerra o sin ella, la RDC ha tenido que soportar la codicia de los países y empresas occidentales, que expolian de materias primas su rico suelo.

Aunque, tras el fin del último conflicto, la transición se completó en 2006 con la celebración de elecciones legislativas y presidenciales, la violencia continúa en el este, donde aún siguen activos grupos armados que se enfrentan regularmente al Ejército. No se descarta que la escalada de violencia lleve al país a una nueva guerra.

El regreso a la vida civil no siempre es deseado ni fácil para jóvenes que desde niños sólo han conocido la vida de soldado.

"Al principio todos quieren fardar de haber sido soldados", dice Mario Pérez, director del Centro Don Bosco de Goma, que acoge a menores en situaciones difíciles, incluidos antiguos niños soldado en tránsito y a la espera de ser reunificados con sus familias.

"Algunos están traumatizados y por la noche no pueden dormir o se despiertan gritando", señala este venezolano que lleva veinte años trabajando en Congo con los salesianos.

"Los niños no diferencian entre el bien y el mal. Y muchas de las cosas que hicieron fueron bajo los efectos de las drogas", añade Pérez.

El CICR participa en las labores de reunificación familiar y en los últimos años ha llevado a casa a 54 antiguos niños soldado en la provincia de Kivu Norte.

"Usan el arma como un instrumento de música"

Yann Bonzon, jefe de la subdelegación del CICR en Goma, subraya que la reintegración en la comunidad puede ser "la parte más difícil" para estos niños, un fenómeno que en los últimos veinte años "se ha hecho más frecuente en África".

Para Félix Ndagijimana, director del centro de tránsito CAJED, que acoge a ex niños soldado a la espera de su reintegración, "los niños son más maleables que los adultos y por tanto más fáciles de reclutar".

"Usan el arma como si fuera un instrumento de música. Para los desmovilizados, el trauma no llega automáticamente, sino al cabo de un tiempo, cuando recuerdan las cosas que han hecho", explica.

Jean de Dieu, también de 15 años y que pasó sólo unos meses con un grupo armado, está feliz de volver con su familia y admite que no le gustó la experiencia. "No creo que jamás vuelva a irme voluntario", asegura.

En cuanto a Cyprien, aunque se declara contento de volver temporalmente a casa, sabe que su vida va a cambiar y le preocupa.

"En el ejército podemos tener todo lo que queremos. Las mujeres bonitas son para los soldados, el dinero es para los soldados, yo ganaba doce dólares al mes y me lo gastaba en bebida, drogas y mujeres", relata.

"Si lo dejo es por obligación. Vuelvo a casa con las manos vacías, ¿qué van a decir de mí?", se pregunta.

"No sé leer ni escribir. Si no puedo trabajar -concluye "Rambo"- volveré a hacerme soldado".

miércoles, 1 de agosto de 2007

El trauma de la guerra en la mente infantil




María Valerio

El abuso, la tortura y la muerte representan el día a día de los 250.000 niños soldado que hay en la actualidad en todo el mundo. Dos millones de menores han muerto en la última década a causa de la guerra, seis millones han resultado heridos y 30 escenarios siguen albergando conflictos bélicos en los que la salud física y mental de estos pequeños se pone en peligro a cada paso. La revista 'The Journal of the American Medical Association' (JAMA) les dedica esta semana un número especial.

"Aunque Iraq y Afganistán son los más visibles, existen en la actualidad otros conflictos de cuyo legado tardaremos décadas en recuperarnos", aseguran en un editorial especial sobre esta cuestión Robert Ursano y Jon Shaw, de los departamentos de Psiquiatría de las universidades estadounidenses de Maryland y Miami, respectivamente. Y los niños, como ellos recuerdan, son especialmente vulnerables al trauma debido a su inmadurez "física y emocional".
Uno de estos frentes abiertos desde hace 20 años tiene lugar en Uganda, donde se enfrentan el Ejército de Liberación del Señor y el gobierno. Allí, un equipo de la universidad de Hamburgo (Alemania), entrevistó a 169 pequeños ex combatientes que se encontraban en rehabilitación en varios centros de acogida en esta región de los Grandes Lagos.
Empleando cuestionarios en su lengua nativa, los psicólogos evaluaron sus niveles de estrés postraumático y la relación de este trastorno con su disposición a la reconciliación o, por el contrario, sus ánimos de venganza. El 92% de los menores, que tenían entre 11 y 18 años, había presenciado un asesinato y el 54% de ellos había matado a alguien. Casi el 28% había mantenido algún tipo de contacto sexual forzado.
Las conclusiones desvelan que los pequeños con mayor nivel de estrés eran los que menos propensos se mostraban a la pacificación y, al mismo tiempo, quienes manifestaban más sentimientos de revancha. Esta relación se repitió también con los que habían sufrido amenazas de muerte o habían visto su vida en peligro. Como apuntan estos investigadores en sus comentarios, la rehabilitación e integración social de este 'ejército' de niños soldado que ha sobrevivido a la guerra es clave para la reconstrucción y reconciliación de su pueblo; y cualquier intento por reintegrarlos en la sociedad civil deberá tener en cuenta su trauma psicológico.
El estrés de los desplazados
Si en este trabajo los autores reconocen una baja presencia de niñas entre los participantes, en otra de las investigaciones que recoge JAMA fueron precisamente ellas las que mejor respondieron a la intervención psicológica propuesta. En este caso, científicos de Baltimore trataron de demostrar la utilidad de una terapia de grupo para aliviar el estrés sufrido por adolescentes residentes en un campo de desplazados ugandés.
Después de 16 semanas, la intervención mejoró los problemas psicológicos de las chicas, pero no así de los adolescentes varones. Para ellos será necesario seguir buscando otras alternativas más útiles, admite el equipo dirigido por Paul Bolton, del Centro de Atención al Refugiado y Respuesta en Desastres de la Universidad Johns Hopkins (EEUU).
"Nadie permanece inalterable a los eventos traumáticos de una guerra", asegura el editorial, "y los niños que aún están aprendiendo a modular sus emociones y su agresividad son especialmente sensibles a estos cambios forzosos". A su juicio, todas las conclusiones presentadas en este
número especial de la revista obligan a prestar más atención a la violencia de la guerra y a las consecuencias que tiene en la salud mental de estos cientos de miles de niños y adolescentes el trauma vivido.
Pero no sólo los niños. Otro de los trabajos, dirigido por Patrick Vinck, de la Universidad de California (EEUU), ha detectado elevadas tasas de depresión y estrés postraumático en los desplazados por la guerra de Uganda. Tras entrevistarse con más de 2.500 adultos de varias localidades y campos de refugiados al norte del país, los investigadores aseguran que las personas más afectadas por el trauma de la guerra eran aquellas más proclives a justificar la violencia como el mejor medio de resolver el conflicto. Hasta el 75% de ellos mostraba síntomas clínicos de síndrome del estrés postraumático y el 44%, de depresión.
"Estas conclusiones tienen enormes implicaciones en el terreno sanitario, diplomático y político", aseguran los investigadores. A su juicio, no sólo subrayan la importancia de mantener la seguridad de la población civil en tiempos de guerra, sino también de que se preste atención a sus necesidades psicológicas en un escenario posbélico. El trauma, concluyen, "es un indicador de salud en la población expuesta a elevados niveles de violencia y puede influir en su percepción del futuro".